BULLYNG Y SILENCIO
En
torno al bullying se tiende a imponer una cultura del silencio. Las víctimas
suelen no informar a los adultos acerca de la situación que están viviendo, por
lo que muchos padres y profesores no saben quién está siendo víctima de una
intimidación. Los agresores por su parte, mantienen un doble rol: la ley del silencio
se aplica en relación a la autoridad o a cualquiera que pueda intervenir,
mientras que por el contrario frente al endogrupo, la ley se invierte a ley de
reconocimiento y por tanto, prima la necesidad de que el acto de agresión se
publique (un acto anónimo frente al endogrupo es absurdo). Por consiguiente, es
de suponer que hay más víctimas que las que los profesores piensan y que, por
lo general, es más fácil identificar a aquellos que intimidan que a quien está
siendo víctima.
La
cultura del silencio se consolida porque:
·
A los estudiantes les cuesta hablar sobre la
situación en que se encuentran.
· El bullying es realizado, por lo general, en forma
privada donde no se cuenta con la presencia de adultos.
·
Muchos adultos
sostienen que los niños son intrínsecamente ‘inocentes’.
·
Muchos padres piensan que las disputas son normales entre
los niños y jóvenes.
· Un alto porcentaje de
profesionales sobrevaloran el rol de la familia, particularmente la figura de
la madre, como primera influencia de los niños, subestimando la potencia de la
influencia del grupo de pares.
· Algunos estudios se
refieren al hecho de que los profesores a menudo no hacen caso y desatienden
las necesidades de las víctimas. Debido, en parte, a que los intimidados
tienden a quedarse tranquilos, sin buscar llamar la atención sobre su persona.


